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martes, 19 de septiembre de 2017
1997
En 1997 comenzaba a vivir una
etapa que cambiaría por completo mi vida, empecé a trabajar en televisión, mi
función era conseguir las cosas que cada día me pedían, desde un pedazo de tela
hasta una olla de brujas, desde un avión hasta un lagarto overo, una vez me
pidieron una Torre Eiffel que busqué incansablemente por todas partes, como
tuve que buscar tantas otras cosas que me pedían.
Luego llegó el tiempo de
“Sorpresa y ½”, un ciclo televisivo del que soñaba participar el año anterior,
cuando era televidente. Viaje mucho, ayudé a cumplir sueños y aprendí. Obtuve
herramientas para el trabajo y la vida.
Después, (ya en 1998) viví en Venezuela
durante un año, al volver termine de atravesar la parte oscura que se presenta
justo antes del amanecer, del despertar que se dio a fines de 2004 cuando tome
mi primer nivel de Reiki y comencé a transitar el camino que hoy me tiene aquí,
escribiendo.
1997 es para mi un año
iniciático, una bisagra en mi vida, en el tiempo. Un año lleno de emociones
lindas y noches largas. De conocer gente que con amor recuerdo.
Este es el texto 1997 que
publico en mi blog y sentía que debía ser importante describir un poco lo que
significa el número para mi, lo que significó en mi vida y la dirección que mi
recorrido tomó desde ese enero en el que recorría Buenos Aires buscando cosas,
tal vez buscándome a mi mismo, quizás cada búsqueda significaba algo que en ese momento no supe ver.
Me pidieron muchas cosas, tantas
que ya ni recuerdo, algunas aparecen cada tanto en mi mente y afloran en
anécdotas, o pintan en mi cara una sonrisa.
Una vez me pidieron un Torre
Eiffel, la busque, la busque mucho.
Y la conseguí….
Ale Flores
16 de Septiembre de 2017
La Merecida
Espacio Sagrado
Altar de Fuego
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lunes, 27 de marzo de 2017
Leyendo también se puede viajar
Hoy me desperté y abrí la
ventana de mi vida. Frente a mi estaba el majestuoso Cerro Avila, custodiando
la ciudad de Caracas, en Venezuela, su energía era tan fuerte que sin pensarlo
salí a caminar, así fue como llegue a la plaza mayor y la atravesé pensando en
mi viejo para quien era uno de sus sitios preferidos de Madrid. Al llegar a la
Puerta del Sol, justo antes de tomar el subte, paré a desayunar en el Granjero
del este, sobre la avenida Rio de Janeiro en Las Mercedes, donde una arepa de
reina pepeada con un jugo de patilla fueron mi sabroso desayuno.
Después tome el metro en
dirección a Atocha, casi llegando escuché la voz de Joaquín Sabina que cantaba “Yo
me bajo en Atocha, yo me quedo en Madrid”. Mi plan era otro, seguí hasta
Atocha Renfe y tome un tren que me dejo en el Cayo Madrizqui, de Los Roques,
ahí me di un baño en las aguas del caribe sintiendo toda la creación en mi
piel.
Pasó Patricia en su lancha y me invitó a la piscina de corales de cayo Francisqui, y claro, no podía dejar de pasar a saludar a mis amigos, los peces:
Pasó Patricia en su lancha y me invitó a la piscina de corales de cayo Francisqui, y claro, no podía dejar de pasar a saludar a mis amigos, los peces:
Cuando sentí que era el momento
de partir me despedí de ellos y caminé rumbo a la playa, llegué justo en el
momento en el que una lancha salía rumbo a Barcelona. Llegamos rápido, y eso
me dio tiempo para pasar a ver la Basílica de la Sagrada Familia antes del
partido del Barcelona contra el Real Madrid en el Camp Nou. El encuentro fue
vibrante, tanto que para calmar las emociones acepté la invitación de los
hinchas de ambos equipos con los que compartí una cerveza.
Como no había almorzado fui a la
Trattoria de Alberto e Graziella, ya que me quedaba de paso para mi
próxima parada, el Vaticano. ¡Qué maravilla las pastas de Graziella!, ¡qué
lugar tan agradable!, me despedí de ella con el deseo de volver y caminé unos
metros hasta el museo, lo recorrí fascinándome con las obras de Rafael, y los
grandes artistas que crearon las más de 70.000 que están expuestas, camine por
un pasillo increíble dejándome seguir por la atenta mirada del Cristo sobre un tapiz. De pronto entré en la Capilla Sixtina, y me recosté en el
piso para ver la genialidad que Miguel Ángel pintó, tome mi celular para
sacar una foto y cuando estaba a punto de tomarla un guardia me dijo que no se
puede, que está prohibido ya que una empresa china compró los derechos, guarde
mi celular y me quede contemplando, (al menos los chinos no compraron mi
derecho a ver esa maravilla). Al salir pasé por la tumba de San Pedro y sentí
la vibración de 2000 años de oraciones, las que pudieron limpiar toda la sangre
derramada en ese lugar.
Caminé por la plaza San Pedro,
donde el papá Francisco les daba la bendición a unos peregrino, y su bendición, fue una
bendición:
Seguí caminando y pase por el
Castel Sant'Angelo, cruce el puente y caminé hasta plaza Navona donde el arte y
la historia bailan un vals. Más adelante encontré el Partenón de Agripa, una
obra impresionante de la arquitectura Romana a la que no me resistí entrar.
Al salir, como estaba cerca caminé a la Fontana Di Trevi, quería ir a tirar una moneda y pedir un deseo, (el deseo es secreto, por eso no lo puedo contar), me quedé contemplando su belleza y escuchando el sonido del agua:
Al salir, como estaba cerca caminé a la Fontana Di Trevi, quería ir a tirar una moneda y pedir un deseo, (el deseo es secreto, por eso no lo puedo contar), me quedé contemplando su belleza y escuchando el sonido del agua:
Me di cuenta que se me hacia
tarde y camine hasta la estación de subte Battistini y tome el metro hasta el
arco del triunfo de París, desde ahí camine a la Torre Eiffel, a ella si le
pude sacar una foto, (los chinos aún no compraron los derechos):
Tras contemplarla un rato decidí
partir, en Luchana 27, Chamberí me esperaba (como siempre me espera) Micky, mi
hermano del alma, así que tome el metro de Madrid hasta Bilbao y camine unos
metros. Disfrutamos de un momento maravilloso junto a su esposa Chemina y sus
hijos, Mateo, Martin, Iñigo y la hermosa Matilda, (que niña más hermosa por
Dios, no he visto una niña más bella que ella en toda Europa).
Que mejor manera de terminar ese
gran día que cenando en Nudista (pensé), pero el mayor alimento fue el abrazo
que nos dimos con Micky.
Tras muchas risas y recuerdos me despedí de ellos y camine nuevamente a la estación, pero como la noche era agradable seguí hasta la Gran Via, la cruce y frente al Obelisco a metros de 9 de Julio y Corrientes escuché una música que me resultó familiar, entré y ahí estaba el maestro Horacio Salgán con su orquesta interpretando “A Fuego Lento”, me quedé a escucharlo, (como no podía ser de otra manera), tras el concierto y los aplausos bajé por Arenales y de repente, desde atrás de un árbol se me aparece él, mezcla rara de penúltimo linyera y de primer polizonte en el viaje a Venus. Medio melón en la cabeza, las rayas de la camisa pintadas en la piel, dos medias suelas clavadas en los pies, y una banderita de taxi libre en cada mano... Ja...ja...ja...ja... Parece que solo yo lo veo, porque él pasa entre la gente y los maniquíes le guiñan, los semáforos le dan tres luces celestas y las naranjas del frutero de la esquina le tiran azahares, y así, medio bailando, medio volando, se saca el melón para saludarme, me regala una banderita y me canta la “Balada para un loco” de Piazzolla y Ferrer. ¡Qué grande el Polaco!, decía mirando al cielo mientras le daba a Dios gracias por los maestros Piazzolla, Ferrer, Goyeneche y el genio de Horacio Salgán. ¡Ni yo me lo podía creer! Caminaba sin salir de mi asombro y así fue como llegue sin darme cuenta nuevamente a plaza mayor que estaba repleta de gente en las celebraciones de sus 400 años.
Tras muchas risas y recuerdos me despedí de ellos y camine nuevamente a la estación, pero como la noche era agradable seguí hasta la Gran Via, la cruce y frente al Obelisco a metros de 9 de Julio y Corrientes escuché una música que me resultó familiar, entré y ahí estaba el maestro Horacio Salgán con su orquesta interpretando “A Fuego Lento”, me quedé a escucharlo, (como no podía ser de otra manera), tras el concierto y los aplausos bajé por Arenales y de repente, desde atrás de un árbol se me aparece él, mezcla rara de penúltimo linyera y de primer polizonte en el viaje a Venus. Medio melón en la cabeza, las rayas de la camisa pintadas en la piel, dos medias suelas clavadas en los pies, y una banderita de taxi libre en cada mano... Ja...ja...ja...ja... Parece que solo yo lo veo, porque él pasa entre la gente y los maniquíes le guiñan, los semáforos le dan tres luces celestas y las naranjas del frutero de la esquina le tiran azahares, y así, medio bailando, medio volando, se saca el melón para saludarme, me regala una banderita y me canta la “Balada para un loco” de Piazzolla y Ferrer. ¡Qué grande el Polaco!, decía mirando al cielo mientras le daba a Dios gracias por los maestros Piazzolla, Ferrer, Goyeneche y el genio de Horacio Salgán. ¡Ni yo me lo podía creer! Caminaba sin salir de mi asombro y así fue como llegue sin darme cuenta nuevamente a plaza mayor que estaba repleta de gente en las celebraciones de sus 400 años.
Me quede un rato, era un evento
histórico que no me podía perder! Cuándo mire su reloj y vi que era tan tarde
pensé que Serena y Julieta estarían preocupadas, así que subí a mi moto y
tome la autopista rumbo a mi casa, llegue bastante rápido, no había transito.
_¿Donde estabas?, (me
preguntó Serena).
_Salí a dar una vuelta por el
mundo, (le contesté).
Qué gran día, pensaba mientras
tomaba una ducha y repasaba las imágenes en mi mente.
Vivimos en un mundo maravilloso,
lleno de sitios espectaculares dispuestos a que los visitemos, o que viajemos a
ellos con la imaginación, como me enseño el Maestro Moreira, en 6º grado, cuando
dijo que “leyendo también se puede viajar”.
Yo en este texto intente
llevarte de viaje, y si lo viviste estuviste ahí conmigo, solo te pido que
guardes un secreto, llegue a sacar una foto del techo de la Capilla Sixtina, te
la dejo aquí, que no se enteren los chinos:
Ale Flores
24 de Marzo de 2017
La Merecida
Silla Azul
Espacio Sagrado
Altar de Fuego.
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Ale Flores
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