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viernes, 25 de febrero de 2022

Quedarme en Madrid


Me conmueve la música, me apasiona, siento que me abraza, que me eleva, que me conduce a un estado elevado, superior.


Siento también que me transporta a momentos de mi vida, momentos que me emocionan, que me llenan de alegría, o de profundas tristezas.


En el museo Reina Sofia de Madrid la guía me dió una muy buena definición de arte, me dijo que arte es todo aquello que logra movilizar nuestras emociones, que cualquier expresión humana que genere una reacción es una obra de arte, y eso es lo que me pasa con la música, con toda la música.


Ahora por ejemplo, cuando estaba terminando el día me puse a escuchar el disco “Enemigos Íntimos “ de Sabina y Paez lanzado en 1998, un material que me moviliza profundamente, y particularmente cuando sonó “yo me bajo en Atocha”, me transporté a Madrid, se me llenó la mente de imágenes, pero particularmente de una, la última noche del último viaje que hicimos, después de andar todo el día recorriéndola vivimos una cena maravillosa en “Conservas nudista” con mis queridos Micky Irisarri y Diego Mazzeo, tras ella volvimos caminando desde Chamberi a Latina, con una obligada pasada por la puerta del sol y la plaza mayor, luego de todo eso, cuando solo quedaba irse a dormir, salí del departamento y me fui solo a un bar, necesitaba una cerveza más, necesitaba sentir que estaba en Madrid y esa sensación no la tenia debajo de las sábanas, la tenía que respirar en las calles, la tenía que escuchar en la voz del mozo, de los de la mesa de al lado, en la marca de la cerveza y en la tapa que la acompañaba.


Esa noche (como todas las anteriores), no me quería ir a dormir, ya estando en la cama, casi a punto de caer rendido del sueño, pensaba “que estoy haciendo metido en la cama, tengo que salir, caminar, ir a bares, hablar con gente, no me puedo dormir”, pero finalmente la razón me indicaba que a las 7 de la mañana sonaba el despertador porque teníamos planificados recordados todos los días para explotar al máximo esa posibilidad maravillosa que nos dió la vida, la de viajar.


No se cuando tendremos nuevamente el privilegio de cruzar el océano y visitar el viejo continente, ya siento esa necesidad interna de volver a respirar el aire de Madrid, oler sus aromas, escuchar sus sonidos, y bajarme en Atocha, y quedarme en Madrid.




Ale Flores
23 de febrero de 2022
La Merecida
Living









lunes, 27 de marzo de 2017

Leyendo también se puede viajar



Hoy me desperté y abrí la ventana de mi vida. Frente a mi estaba el majestuoso Cerro Avila, custodiando la ciudad de Caracas, en Venezuela, su energía era tan fuerte que sin pensarlo salí a caminar, así fue como llegue a la plaza mayor y la atravesé pensando en mi viejo para quien era uno de sus sitios preferidos de Madrid. Al llegar a la Puerta del Sol, justo antes de tomar el subte, paré a desayunar en el Granjero del este, sobre la avenida Rio de Janeiro en Las Mercedes, donde una arepa de reina pepeada con un jugo de patilla fueron mi sabroso desayuno.



Después tome el metro en dirección a Atocha, casi llegando escuché la voz de Joaquín Sabina que cantaba “Yo me bajo en Atocha, yo me quedo en Madrid”. Mi plan era otro, seguí hasta Atocha Renfe y tome un tren que me dejo en el Cayo Madrizqui, de Los Roques, ahí me di un baño en las aguas del caribe sintiendo toda la creación en mi piel.



Pasó Patricia en su lancha y me invitó a la piscina de corales de cayo Francisqui, y claro, no podía dejar de pasar a saludar a mis amigos, los peces:



Cuando sentí que era el momento de partir me despedí de ellos y caminé rumbo a la playa, llegué justo en el momento en el que una lancha salía rumbo a Barcelona. Llegamos rápido, y eso me dio tiempo para pasar a ver la Basílica de la Sagrada Familia antes del partido del Barcelona contra el Real Madrid en el Camp Nou. El encuentro fue vibrante, tanto que para calmar las emociones acepté la invitación de los hinchas de ambos equipos con los que compartí una cerveza.



Como no había almorzado fui a la Trattoria de Alberto e Graziella, ya que me quedaba de paso para mi próxima parada, el Vaticano. ¡Qué maravilla las pastas de Graziella!, ¡qué lugar tan agradable!, me despedí de ella con el deseo de volver y caminé unos metros hasta el museo, lo recorrí fascinándome con las obras de Rafael, y los grandes artistas que crearon las más de 70.000 que están expuestas, camine por un pasillo increíble dejándome seguir por la atenta mirada del Cristo sobre un tapiz. De pronto entré en la Capilla Sixtina, y me recosté en el piso para ver la genialidad que Miguel Ángel pintó, tome mi celular para sacar una foto y cuando estaba a punto de tomarla un guardia me dijo que no se puede, que está prohibido ya que una empresa china compró los derechos, guarde mi celular y me quede contemplando, (al menos los chinos no compraron mi derecho a ver esa maravilla). Al salir pasé por la tumba de San Pedro y sentí la vibración de 2000 años de oraciones, las que pudieron limpiar toda la sangre derramada en ese lugar.



Caminé por la plaza San Pedro, donde el papá Francisco les daba la bendición a unos peregrino, y su bendición, fue una bendición:



Seguí caminando y pase por el Castel Sant'Angelo, cruce el puente y caminé hasta plaza Navona donde el arte y la historia bailan un vals. Más adelante encontré el Partenón de Agripa, una obra impresionante de la arquitectura Romana a la que no me resistí entrar. 



Al salir, como estaba cerca caminé a la Fontana Di Trevi, quería ir a tirar una moneda y pedir un deseo, (el deseo es secreto, por eso no lo puedo contar), me quedé contemplando su belleza y escuchando el sonido del agua:



Me di cuenta que se me hacia tarde y camine hasta la estación de subte Battistini y tome el metro hasta el arco del triunfo de París, desde ahí camine a la Torre Eiffel, a ella si le pude sacar una foto, (los chinos aún no compraron los derechos):




Tras contemplarla un rato decidí partir, en Luchana 27, Chamberí me esperaba (como siempre me espera) Micky, mi hermano del alma, así que tome el metro de Madrid hasta Bilbao y camine unos metros. Disfrutamos de un momento maravilloso junto a su esposa Chemina y sus hijos, Mateo, Martin, Iñigo y la hermosa Matilda, (que niña más hermosa por Dios, no he visto una niña más bella que ella en toda Europa).



Que mejor manera de terminar ese gran día que cenando en Nudista (pensé), pero el mayor alimento fue el abrazo que nos dimos con Micky. 

Tras muchas risas y recuerdos me despedí de ellos y camine nuevamente a la estación, pero como la noche era agradable seguí hasta la Gran Via, la cruce y frente al Obelisco a metros de 9 de Julio y Corrientes escuché una música que me resultó familiar, entré y ahí estaba el maestro Horacio Salgán con su orquesta interpretando “A Fuego Lento”, me quedé a escucharlo, (como no podía ser de otra manera), tras el concierto y los aplausos bajé por Arenales y de repente, desde atrás de un árbol se me aparece él, mezcla rara de penúltimo linyera y de primer polizonte en el viaje a Venus. Medio melón en la cabeza, las rayas de la camisa pintadas en la piel, dos medias suelas clavadas en los pies, y una banderita de taxi libre en cada mano... Ja...ja...ja...ja... Parece que solo yo lo veo, porque él pasa entre la gente y los maniquíes le guiñan, los semáforos le dan tres luces celestas y las naranjas del frutero de la esquina le tiran azahares, y así, medio bailando, medio volando, se saca el melón para saludarme, me regala una banderita y me canta la “Balada para un loco” de Piazzolla y Ferrer. ¡Qué grande el Polaco!, decía mirando al cielo mientras le daba a Dios gracias por los maestros Piazzolla, Ferrer, Goyeneche y el genio de Horacio Salgán. ¡Ni yo me lo podía creer! Caminaba sin salir de mi asombro y así fue como llegue sin darme cuenta nuevamente a plaza mayor que estaba repleta de gente en las celebraciones de sus 400 años.





Me quede un rato, era un evento histórico que no me podía perder! Cuándo mire su reloj y vi que era tan tarde pensé que Serena y Julieta estarían preocupadas, así que subí a mi moto y tome la autopista rumbo a mi casa, llegue bastante rápido, no había transito.

_¿Donde estabas?, (me preguntó Serena).

_Salí a dar una vuelta por el mundo, (le contesté).

Qué gran día, pensaba mientras tomaba una ducha y repasaba las imágenes en mi mente.

Vivimos en un mundo maravilloso, lleno de sitios espectaculares dispuestos a que los visitemos, o que viajemos a ellos con la imaginación, como me enseño el Maestro Moreira, en 6º grado, cuando dijo que “leyendo también se puede viajar”.

Yo en este texto intente llevarte de viaje, y si lo viviste estuviste ahí conmigo, solo te pido que guardes un secreto, llegue a sacar una foto del techo de la Capilla Sixtina, te la dejo aquí, que no se enteren los chinos:





Ale Flores
24 de Marzo de 2017
La Merecida
Silla Azul
Espacio Sagrado
Altar de Fuego.
"Lo que del alma sale, al alma llega"
Ale Flores

Soy Reiki

"El amor es la religión de la nueva era."

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"Compartir lo que nos hace bien, nos hace bien de nuevo."

Ale Flores

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