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viernes, 13 de junio de 2014
70
Un día como hoy, hace solo 10
años, me daba uno de los gustos más grandes de mi vida, preparaba el festejo
del cumpleaños Nº 60 de mi viejo.
Sentía que debía hacerlo, que
la vida me daba la oportunidad de compartir un momento muy especial con él, con
nuestros seres queridos, con sus amigos de toda la vida, con sus afectos.
Sentí que se merecía esa
muestra de cariño, de amor, no solo de mi parte, también de todos los que
sentían afecto y amor por él. Lo hable con mi vieja que rápidamente entendió
todo, y juntos encaramos la organización del evento.
Económicamente yo estaba muy
mal, por un momento pensé dejar la oportunidad para cuando cumpliera 70, es
decir, hoy, ahora. Y realmente era verdad, este momento me encuentra mucho
mejor desde el punto de vista económico, pero gracias a Dios escuche a mi voz
interior que me indico que ese era el momento, que no dejará pasar la
oportunidad.
Fue una de las pocas veces en
mi vida que utilice mis habilidades laborales en post de un objetivo personal,
pero era más que eso, era una posibilidad de celebrar la vida, la vida de mi viejo
como ser humano, y la vida de él como compañero de vida.
Mis palabras llevaron la
contundencia de la certeza que me movía a llevar adelante la organización, todo
se fue dando, lo que parecía imposible se hacía posible.
Mi mamá se ocupaba de llamar a
cada uno de los invitados, le dije que no se limite, que estuvieran todos los
que tenían que estar, y así fue, fueron 60, 60 invitados para celebrar sus 60
años de vida.
Ese año 13 de junio caía un
domingo, entonces organizamos un falso almuerzo familiar en su casa, bien
modesto, mientras que yo lo invitaba a mi viejo a cenar el sábado a la noche,
como simple excusa para que se prepararan sin saber dónde irían en realidad.
Desde temprano estuve en el
salón organizando todo, los invitados empezaron a llegar a la hora prevista,
todo marchaba bien, la música, la decoración, las bebidas, el catering, todo
funcionaba armoniosamente esperando el momento indicado.
A la hora prevista lo llame a
mi papá por teléfono y le dije que mi auto estaba descompuesto, que necesitaba
que nos pasara a buscar con el suyo para ir a cenar. Le di la dirección del
salón, diciéndole que estábamos ahí por un cumpleaños al que habían invitado a
mi hija, y ansioso me quede esperando su llegada en la puerta del salón.
Lo vi llegar, le hice señas
para que estacione, todo estaba previsto, los autos de los invitados estaban
estacionados lejos de la entrada para que de ningún modo pudiera darse cuenta
que estaban ahí. Le pedí que se bajara para ayudarme a entrar el cochecito de
mi hija que para aquel entonces tenía solo 1 año y 6 meses.
Se bajo del auto, y junto a mi
madre caminaron juntos hacia la puerta del salón, tras ella, una cortina blanca
no permitía ver a la gente que lo esperaba adentro, ni bien cruzo la puerta
empezó a sonar la canción que él mismo escribió en honor a mi mamá, los
primeros acordes que sonaron alertaron su atención, y antes que se de cuenta
estaba frente a todas las personas que alegres y emocionadas lo veían entrar.
Ahí cayó en la sorpresa,
comprendió lo que pasaba y la emoción se apodero de él, fue fuerte, muy fuerte,
tanto que derribo los muros de su corazón y con una mirada, con esta mirada me
dijo todo:
En esta imagen quedo eternizada
su emoción:
Uno por uno se fueron acercando
a saludarlo, ahí se dieron momentos únicos, históricos, irrepetibles e
inolvidables, como el abrazo con su madre, mi abuela:
Y así fue como saludo y
agradeció a cada uno su presencia, recibió las palabras de todos los invitados
que celebraba su vida. Y la noche se vistió de fiesta, una fiesta en la que
celebramos la vida.
A las 12 llego el momento de
soplar las velas, fue lo único que interrumpió el baile, las charlas, las
risas. Todo marchaba mejor de lo previsto, todos disfrutamos ese encuentro de
almas.
La fiesta siguió y nos dejo de
todo, a mi particularmente una gran alegría, una sensación de plenitud
completa, por haber logrado hacer lo que sentía que mi viejo merecía.
Entre risas nos fuimos
despidiendo, ese domingo que empezaba conmemoraba el día del padre, yo le había
preparado una sorpresa mas, a la mañana siguiente un espectacular desayuno le
daría el buen día, aun recuerdo su voz, cuando me llamo para agradecerme, y
sabiendo el esfuerzo que había representado la organización del evento,
recuerdo su voz al decirme, “fue el mejor día de mi vida”.
Ya hace 4 que no está
físicamente, pero no lo recuerdo con tristeza, sino con alegría.
Con la alegría de saber que
vivimos lo que debíamos vivir, con el agradecimiento por el camino recorrido,
por haber transitado nuestro camino y habernos podido despedir sin rencores y
dándonos gracias por la vida.
Yo celebro tu paso por la vida,
comprendo hasta la perfección de lo imperfecto.
Me quedo con los recuerdos
compartidos, con los momentos, las palabras, el crecimiento.
Sé que no me guarde nada, que
di todo lo que tenía que dar, que estuve cada vez que tuve que estar, que le
dije lo que sentí que le tenía que decir.
Y mi alma esta en paz, porque
es en la paz donde me encuentro con la tuya.
Todo está bien, me dice su
energía, le duele el dolor de quienes su ausencia sufren, porque su alma es
amor, y dejo todo para darnos todo.
Hoy recuerdo este momento, esta
es mi forma de celebrar su aniversario de vida, una forma simple, interna, que
necesite dejar salir, para contar este momento tan importante, un momento que
siento el orgullo de haber podido crear como una medalla que me dio la vida,
una medalla que llevo en mi corazón, y que mi alma guardara por siempre, vida
tras vida.
Alejandro Flores
13 de Junio de 2014
Etiquetas:
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Celebrar la vida,
mono flores
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Ale Flores
Soy Reiki
"El amor es la religión de la nueva era."
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"Compartir lo que nos hace bien, nos hace bien de nuevo."
Ale Flores