"Lo que del corazón sale, al corazón llega"


DIOS ES MAS FUERTE

miércoles, 29 de julio de 2009

Me permito el amor

Cuando comenzamos a trabajar con la luz, solo tratamos temas espirituales con seres que estan en el camino, con quienes consideramos nuestros maestros o compañeros en esta busqueda que inciciamos. A veces llegamos a tener “discusiones espirituales”, una suerte de santo ego se apodera de nosotros y utlizamos elementos del pasado para “defender” las ideas que estamos recordando.

A medida que profundizamos nuestra busqueda y empezamos a vivir los resultados de estar en el camino, empezamos a tener charlas con personas que estan buscando una salida, ellos empiezan a ver luz en nosotros y van hacia ella como las abejas van a las flores, toman parte de tu polen, tu luz, y con el elaboran miel, amor, duzura para ofrecer a todos.

Quizas estas personas antes eran moscas, que no picaban pero molestaban, o mosquitos, que picaban generando erupciones o en algunos casos transmitiendo enfermedades, pero por haber decidido cambiar sus vidas comienzan esa transformación que las lleva a encontrarse con seres de luz y pasar a ser abejas.

Asi como otros ven nuestros cambios y saben que ellos se produjeron gracias a que todos seguimos a un maestro, otros ya nos ven a nosotros como guias, como maestros y asi es. Nosotros estamos irradiando luz a nuestros pares para que ellos se retroalimenten y puedan ayudar a despertar a otros.

En esta etapa comenzamos a ver maestros en todas partes, seres que trabajan en nuestro nivel de conciencia pero cumpliendo diferentes roles dentro de la sociedad como yogis, metafisicos, reikistas, padres, hermanos, parejas, hijos, amigos, compañeros de trabajo, abuelos, familiares en general, o tambien por que no los reconocemos en jardineros, plomeros, pintores, artesanos, etc.

Empezamos a ver en ellos una actitud diferente al resto, al comun, los vemos actuar, los escuchamos y detectamos su maestría, así como estamos viendo nuestra propia maestria por espejo reflejo vemos la maestria en otros, y es muy importante permitirnos reconocer al maestro que habita en el otro, ayudar al otro a sentirse reconocido, ya que reconociendo a otros nos reconocemos a nosotros mismos.

Somos seres ínter dimensionales, nos manifestamos en diferentes dimensiones de acuerdo a las actividades que realizamos y el ambito por donde nos movemos.

Cuando estamos en contacto con alguien busquemos reconocer su maestria, escuchemoslo, observemoslo sin juzgarlo, busquemos el polen que esa flor tiene, por que sin dudas asi es, busquemos ver su amor, que se manifestara mediante palabras, gestos, miradas, caricias, besos, abrazos, lo que corresponda de acuerdo a la relacion que nos una con ese otro ser.

Cuando las almas se reconocen, se aceptan, vibran en el amor. Las relaciones nunca vuelven a ser como antes, ya que se produce un intercambio energético que quemará karmas, conflictos del pasado con esa alma que volvio a reencontrarse para sanarlas.

Cada una de las partes recurrentemente necesitará reencontrarse con la otra para sentir nuevamente su energía y continuar el intercambio hasta que la relación quede definitivamente sanada. Hasta que entre esas dos almas solo exista el puro amor.

Permitirse esto es habitar en el amor.

El abrazo, el beso, la caricia, la mirada, la palabra, las actitudes son el amor, son las manifestaciones terrenales del amor, y aunque en algunos casos contengan cierta carga de ego, el amor es más fuerte y siempre prevalece haciendo que tarde o temprano el ego desaparece.

El amor sana, el amor ilumina, cura, libera, provee.

Particularmente quiero en este momento hacer un reconocimiento desde lo más profundo de mi amor a mis maestros, a los maestros a Dios, a los arcángeles y a todas las potestades angélicas, a mis guías, a los seres superiores, a mis antepasados, a los maestros que cada uno de nosotros somos y que estamos haciendo nuestra misión. A los árboles, a las montañas, al sol, al agua, al aire, a la tierra, a nuestros padres, hermanos, pareja, hijos, etc.

Quiero darle las gracias a mi padre, reconociéndolo como el maestro que es y que fue, un espejo donde busque y busco mi maestría, que no es más que reconocer la maestría que habita en él. Yo lo reconozco maestro y lo honro con estas palabras ya que comparte con nosotros el grupo y leerá estas líneas de la misma forma que lo hace cara uno de ustedes.

Reconozco también la maestría de mi hermano Mariano, con quienes nos reencontramos también por este medio hace poco, como les he contado, pero nos reconocimos maestros hace algún tiempo justamente cuando nos entregamos al amor del otro.

A cada uno de ustedes, a los que en algún momento intercambiamos un abrazo, un beso, una mirada, un instante en el que reconocimos el amor del otro. A los que con sus respuestas me dan la posibilidad de sentir su amor.

Para los que no contestan pero se que están.

Para los que llegaron, para los que se fueron. Para quienes volverán, para quienes partirán.

Para quienes somos.

Para el amor que habita en cada uno de nosotros.

Gracias por estar.

Mi amor de dios hacia vos.

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