"Lo que del corazón sale, al corazón llega"


DIOS ES MAS FUERTE

lunes, 2 de noviembre de 2015

Gracias Dr. Carlos Touceda


Me voy a permitir hacer un acto de justicia, a ofrecer un “gracias” que tal vez nunca hubiese dado.

Un gracias merecido.

Un gracias adeudado.

Pase muchas de mis vacaciones infantiles en Mar del Plata, y una de las cosas que recuerdo de esos veranos eran las carreras de autos que hacíamos en el fondo de la casa de Tía Maria.

En el lugar donde tiempo antes había habido un gallinero, sobre ese piso, el Dr. Carlos Touceda nos había construido una pista, y nosotros, los chicos de aquel entonces comprábamos y preparábamos nuestros autos para una de las cosas más importantes de las vacaciones, las carreras.

Cada uno era el ingeniero de su coche, les colocábamos peso para que tuvieran adherencia, calcos para diferenciarnos y mostrar lo que queríamos mostrar, les cambiábamos las ruedas, hasta les poníamos una cucharita adelante para evitar que despisten. La que despistaba era Tía Maria, que se quedaba sin cucharas de té, y cuando las encontraba estaban dobladas y con la base raspada por el cemento del piso de la pista.

Volvíamos de la playa deseosos de jugar, de probar nuestros autos y comprobar si lo que habíamos puesto para mejorar su andar daba frutos o era un fracaso y había que volver a intentar.

Lo veo a la distancia y me doy cuenta que fue la primera vez en mi vida que tuve que prepararme para competir, porque era una competencia, una sana competencia que todos queríamos ganar.

Carlos Touceda sembraba ideas en invierno que cosechaba cada verano, él reacondicionaba la pista o la modificaba, la pintaba, la dejaba perfecta para que juguemos nosotros, organizaba las competencias y nos hacia cumplir las reglas que muchas veces intentábamos alterar.

Fue algo muy lindo de nuestra infancia y hoy a la distancia pienso que no hay muchos padres que se ocupen como se ocupo él de algo así, de ofrecernos un lugar para una sana diversión.  Nadie tenía una pista como la nuestra, y fue gracias a él.

Hoy, tantos años más tarde quiero darle las gracias, las gracias a su alma, las gracias que seguramente no le dimos, porque éramos chicos, y solo nos importaba el juego, no quién estaba detrás.

Es por eso que le quiero ofrendar al alma del Dr. Carlos Touceda este humilde reconocimiento, porque estoy cerrando un vinculo con su presencia en mi vida, y merece recibir lo que me corresponde dar.

Quiero darle las gracias que no le di en vida, y que las gracias lleguen a su alma, a la energía donde habita.

Quiero que su alma alcance la felicidad eterna, y que por siempre esté en paz, la paz que su alma se merece, la felicidad que nos supo dar.


Ale Flores
1 de Noviembre de  2015










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